Llaman a la Puerta

Hay momentos en los que se cuela
por las rendijas de esta madera roída por al aire,
el agua y el paso del tiempo.
Como la brisa fresca deseosa de penetrar
por los espacios rellenos
donde el calor y la humedad
cierran la tranquilidad.
Vamos haciéndonos el uno con el otro.
Son días ya, que vamos conociéndonos
en mis rutinas diarias.
Necesita un pequeño espacio de silencio
para llamar a la puerta.
Y aun gustándome la soledad
la curiosidad me puede,
levantándome para saber quien llama.
Hoy,
viene vestido con un traje color carne.
Agradable, a pesar del rostro,
cuya mirada inamovible
se centra en mi.
Le digo que no me olvido,
sé lo que significa tenerle y sentirle tan cerca,
queriendo sin pedírselo
que este menos presente.
Todavía no encuentro el valor para hablarle
tan de frente.
Es natural este, miedo a la muerte,
después de tantos años dándole la espalda.
Y quizás porque los días ya descuentan,
asumo que me apetece buscar allí donde antes di la espalda,
para dejar de sentir el escalofrío
en sus ásperas llegadas.




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