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Corrientes de Aire

  • Foto del escritor: Luis A. M. R
    Luis A. M. R
  • 20 feb
  • 2 Min. de lectura

¿Que sucede cuando acepto el silencio

como acción?


Decido no decir,

a pesar de querer desplegar el impulso

que viene de dentro,

como si la verdad que me llega

fuera única y necesitara ser expresada.


¿Quién soy para devolver?


Aun estando en un rol

en el que decido sostenerte.


¿Seré capaz de sujetarte

cuando comience la caída?


Es arte la espera que se da.


Existe una parte en la que confío,

cuanto percibo me habla de un desplazamiento al vacío.


También,

escucho el susurro que desde lejos me llega.


Puede que sea capaz de verlo, de darse cuenta

y hacerse cargo.

De transformar ese descenso al abismo,

en una corriente de aire cálido

que le ayude a elevarse lo suficiente

como para ver con perspectiva

y pisar por otros senderos que antes no veía.


Paciencia y entrega.

Lo que se dé, esta bien.

Si se da, es eso

y no otra cosa.


Lo que sea.


A veces devolverte como percibo las cosas,

es acelerar el proceso mismo que se estaba dando

sin que tu lo vieras,

como si la palabra diera un certificado

sobre aquello que capturaba.


Otras,

siento el escalofrío que me produce,

el haber dejado de verte.


En ambas,

es condenarte,

anulando tu propia capacidad de darte cuenta.


Pero,

¿Qué sucede cuando lo que percibo

entra dentro del ámbito personal, del día a día,

entre amigas, compañeras y familiares?


Huelo el miedo.

Y este temor hace que me enfoque

demasiado en ti.

Desaparece la confianza en mi modo de sentir,

en cuanto me rodea, aprecio.


Poco a poco va tomando forma,

elevándose con tal fuerza,

que mi figura se hace pequeña.


Dejo de estar en mi.


¿Cuánto tiempo llevo así?

La respuesta, no es importante.


Comienzo a estar de nuevo, conmigo,

mientras me inclino

reconociendo que me ha vuelto a vencer.


Escucho como se ríe,

las palmas de sus manos chocan una y otra vez.


Respiro profundamente,

reconociendo que esto también soy.


Me transforma sentir miedo.


De ahí la decisión de que mi acción sea el silencio.

Para no querer controlar la situación

y entregarme a aquello que se de,

por muy poco que me guste.


Porque muchas veces,

la vida no gusta.

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